El martes, tuve lo que yo llamo un sueño consciente, despierto. Estaba viendo en la televisión la Vuelta Ciclista a España y ahí empecé.

Era, yo, un ciclista que llevaba tiempo dejándose física y mentalmente en el alcohol. Estaba roto. Acudieron a verme mis representantes (mi madre y mi hermana) y me insinuaron la posibilidad de intentar fichar por un club ciclista (Instituto Spiral). La idea en principio no me sedujo pero acepté. Fuimos a ver al Director Deportivo (Psicólogo). Asistimos a la reunión en la que se me explicó que, de momento, en el estado físico en que me encontraba no participase en ninguna carrera, pero que si quería, y sin ofrecerme a cambio nada más que cooperación (entrenamiento), podía ingresar en el equipo No había compensación material; al contrario, me supondría un esfuerzo físico, mental y hasta económico (tenía que poner hasta la bicicleta).

Comencé el entrenamiento. Efectivamente el esfuerzo, era mayúsculo, las agujetas físicas y mentales, tremendas. Pero un día iba a empezar la Vuelta Ciclista a España. Se necesitaba un ciclista más para cubrir el cupo de participantes en la misma. Se me ofreció el puesto, acepté y entré en el grupo. Ahí estaban todos. Todos ellos habían empezado como yo, pero se les veía fuertes para la competición.

Esta Vuelta iba a ser muy atípica; y conmigo de gregario.

Empezó, cosa no habitual, en los Pirineos. Montaña, mucha montaña. Esfuerzo sublime (las Navidades). Empiezan las caídas y abandonos. Yo aguanto, pedaleo. Llega la subida a los lagos de Enol (muere mi perro). Mucha fatiga, pienso en el abandono. Lucho, voy en zig-zag por la estrecha carretera. Tengo sed; bebo agua. Sufro, llego, entro en la meta, miro para atrás, descanso y me encuentro feliz. Siguen las etapas y voy cogiendo puntos en las metas volantes (situaciones cotidianas de la vida). El Director del equipo me anima y me exige. Sigo pedaleando; llevamos muchas etapas. Sabemos las que llevamos, pero no cuantas quedan.

A cada etapa que pasa, el cansancio se hace más llevadero. Empiezo a ver, a lo lejos, el grupo de vanguardia. Pedaleo con más fuerza, si cabe. No tengo fatiga. ¡AVISO ¡ Todavía queda la etapa de los puertos en la Sierra Madrileña. Las caídas pueden estar a la orden del día y sus consecuencias psicológicas fatales; Madrid está en la bajada y sólo queda la etapa de puro trámite, la última, la de la gloria. Aquí termina mi sueño consciente, despierto; quedo dormido ¿Cómo Terminará la carrera, ¿Conseguiré llegar líder al Paseo de la Castellana?, ¿Habré conseguido ese objetivo por el que tanto estoy luchando? De momento encuentro muy bien. Estoy tranquilo y no tengo prisa.

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