Siempre he sido una chica superoptimista.  Era la “chica fuerte de la familia”, la que sacaba mejores notas en clase. Toda la atención de mis padres se dirigía a mis hermanos que parecían tener más problemas. El caso es que desde pequeña me han tenido un poco al margen. Yo, “la autosuficiente”.

Ahora llevo 2 años preparando oposiciones para notaría. En todo este tiempo únicamente he tenido 7 días de vacaciones y solo en el último año me he permitido descansar 1 día a la semana. Estudio de 9 a 2; luego hago deporte y a las 4.30 vuelvo a los estudios hasta la hora de acostarme, con un breve intervalo para cenar. Yo era consciente de que me estaba pasando en las horas de estudio. Desde hace unos 6 meses noto un cansancio excesivo. Sentí que era lo normal porque muchos compañeros con los que empecé abandonaron por agotamiento y crisis de ansiedad porque “no llegaban”. Hace un mes noté síntomas de ahogo, no podía respirar. En urgencias me diagnosticaron “personalidad hiperexigente y rasgos obsesivos”, recomendándome un tratamiento profesional.

Desde ese episodio nada más sentarme a estudiar empezaba a tener angustia… ansiedad.

Una noche desperté súbitamente. Me encontraba mal, empapada en sudor, mareada y con presión en los oídos y la sensación de no poder tragar y la lengua pegada. Tuve que ir a urgencias donde permanecí desde las 3:30 a las 8:30h. Me dieron un alprazolam sublingual y me insistieron en que aceptase terapia psicológica y psiquiátrica. Estos tres últimos días no hice más que llorar, intentar estudiar y no poder. Decidí acudir al Instituto Spiral.

Al comienzo del tratamiento solo acepté la psicoterapia, no quiero pastillas. La psicóloga me dijo que en mi situación necesitaría durante unos meses combinar la psicoterapia con una farmacoterapia suave de apoyo que no acepté porque tenía un miedo insuperable a tomar pastillas. Me recomendaron asimismo que plantease mi situación al preparador de las oposiciones de Madrid, el cual tampoco sabía la cantidad de horas que me metía estudiando. Me propuso un plan nuevo de estudios menos frenético, más pausado con más tiempo libre y un día completamente libre a la semana para disfrutar con mis amigos.

Desde que hablé con ambos (psicóloga y preparador) me encuentro más tranquila, pero a pesar de todo no mejoré; seguía teniendo cansancio, hipocondría con miedo a padecer una enfermedad cardíaca por los pinchazos y taquicardias que me daban, y con una angustia que no me abandonaba.

Acepté el tratamiento psiquiátrico a regañadientes, insistiendo en que no quería estar sedada y que quería tener la cabeza despejada para rendir en el estudio.

Sorprendentemente empecé a dormir bien desde el primer día y los pinchazos, mareos, taquicardias y ahogos desaparecieron como por arte de encantamiento. La psicoterapia ahora progresa a pasos agigantados ya que no nos centramos en mis síntomas sino en la forma en que abordo mi vida, en el manejo de mis relaciones, en cosas constructivas. No he notado ni somnolencia ni efectos secundarios, es como si no tomara medicación, salvo porque me ha desaparecido la hipocondría. Los síntomas obsesivos también van mejorando. Ha habido un antes y un después y mi único remordimiento es por qué no vendría antes a hacer el tratamiento. Me hubiera ahorrado largos meses de sufrimiento.

Estoy contenta, durmiendo bien y despertando despejada. He reestructurado el horario y soy capaz de desconectar y disfrutar de la vida.  Ahora siento que las cosas  tiene sentido y empiezan a encajarme. Combino a la perfección tiempo de estudio y tiempo para mí. Curiosamente rindo más porque desapareció la angustia que me interfería los estudios.

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